Eran las seis horas, cuando llegaron al hospital, María Quispe se percató que pronto pasarían a ventanilla a pedir su consulta. Luego de media hora, el vigilante les solicitó su tarjeta de atención y verificó sus datos. A pesar que era una tarjeta desgastada por el uso, se podía leer claramante los nombres. María Quispe era una anciana de 76 años, que acudia al hospital todos los días en su silla de ruedas, siempre con una sonrisa en el rostro y su radiante jovialidad. Hugo Navarro, por el contrario, era un hombre de 85 años, decrépito, mal humorado y renegado de asistir constantemente al nosocomio. No obstante, la característica primordial de la pareja era estar el mayor tiempo posible tomados de la mano. La silla de ruedas de María era vieja, que al ser llevada por los pasadizos ocasionaba un chillido ensordecedor.
miércoles, 17 de febrero de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


No hay comentarios:
Publicar un comentario